2007-03-01

Empieza la recta final.

Y es que los viejos hábitos no nos abandonan tan fácilmente. Haber estado casi dos años trabajando en la Agencia Tributaria lo condiciona a uno un poquito, sobre todo cuando se acercan ciertas fechas. Me refiero, por supuesto, al tan temido periodo comprendido entre el 2 de Mayo y el 30 de Junio, en el que toca presentar la declaración de la Renta.

Sí, lo sé, aún faltan dos meses, pero como soy de esos a los que siempre les suele pillar el toro, cada año tomo medidas para que esta vez no sea así.

Así pues, como sé que lo mejor y más sencillo suele ser presentar la declaración por Internet, he tomado las siguientes medidas:


  • Me he ido a la web del Proyecto CERES, dependiente de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre - Real Casa de la Moneda, para renovar mi Certificado Digital, que me caducaba el 1 de Abril de este año. Si tenéis uno, podéis renovarlo durante los últimos dos meses previos a su caducidad. Lo curioso del caso es que normalmente, desde la solicitud de renovación, hasta la disponibilidad del certificado para su descarga, suele ser necesario un plazo de unas veinticuatro horas. Yo no he esperado más que diez minutos, y lo he podido descargar. Probablemente a otra persona no le funcione, pero por probar no se pierde nada.

  • He consultado mis Datos Fiscales (requiere el uso del certificado digital), donde he podido comprobar que, de momento, se obtienen los correspondientes al ejercicio 2005, aunque en breve estarán disponibles los del 2006.

  • También he observado, en el paso anterior, que mi Domicilio Fiscal no coincidía con el real (me mudé en Ocubre y no lo notifiqué, ¿vale?), por lo que he tramitado, también mediante el certificado de usuario, un modelo 030 (lo llaman de "Comunicación de cambio de domicilio o de variación de datos personales o familiares". Sencillos que son, esta gente).



Y de momento, como no es posible todavía descargarse el Programa de Ayuda a la Declaración de la REnta (el tan conocido P.A.D.Re), ni se pueden obtener los datos fiscales del ejercicio 2006, no he hecho más al respecto. Pero estaré, como cada año, entre los primeros que presenten la declaración... y supongo que, como de costumbre, entre los últimos que cobren la devolución, si me sale a devolver.

En fin, que tanto escribir cansa, aunque sea de un tema tan ameeeeeeeeeno.

Saludínx.
P.D.- A aquell@s que estéis acostumbrad@s a simplemente pedir la devolución rápida o confirmar el borrador que os envía la Agencia, os recomiendo que, antes de hacerlo, comprobéis con el PADRe vuestra declaración. A menudo sale más favorable.

2007-02-20

Sábado. Krámen.

El sábado, celebramos con Krámen su cumpleaños, aunque había sido semana y media antes.

Fuimos a cenar al Julivert Meu, y nos presentamos: Fosky y Miguel, Raúl, Roger, Kràmen (of course), y el Niño y yo.

Incluyo estas pocas fotos, arrebatadas durante la última copichuela, para que quede constancia. (Chic@s, me váis a odiar).

2007-02-14

Martes II

Bueno, pues lo dicho: en clase tuvimos dos exámenes (el del tema seis, y el del tema siete). Diré que fueron bastante bien (80/100 en el primero, y 100/100 en el segundo, aunque éste último correspondía a un tema muy sencillo, por lo que no tiene más mérito que el de ser el primer 100 de este curso).

Aparte de algún susto en el apartado salud, el resto del día fue muy bien, sin especiales comentarios.

Saludínx

2007-02-13

Martes

¡Y hoy es martes, gran Dios!... ¡Martes y trece!
¿Por qué el terror invade el alma mía?
¿Por qué me inspira un miedo extraordinario
esa cifra, ¡ay de mí! del calendario?

"La venganza de Don Mendo", de Pedro Muñoz Seca


Ayer lunes empezamos a hacer el horario intenso en el curso: cinco horas cada día, cinco días por semana, hasta nueva orden. Hicimos el exámen correspondiente al módulo cinco del temario, y vimos prácticamente todo el tema seis. Lo curioso es que, tras el descanso (de media hora), se produjo una especie de conspiración sin previo comentario, y empezamos todos a hacer preguntas al pobre Rubén (el profe), a fin de ralentizar un poco el ritmo que llevaba. Funcionó.

Al ser el primer día que hacíamos cinco, y no seis horas, acabé especialmente baldado, por lo que me vine directamente a casita.

Y hoy es martes. Martes y Trece. Pero, a diferencia de Don Mendo Salazar, yo soy alguien que vive con una gata negra, que pasa por debajo de andamios y escaleras, etc. Y jamás he podido asociar una desgracia a ninguno de estos hechos.

Así pues, bienvenido, martes y trece. Hoy haremos grandes cosas.

Saludines a tod@s

Fin de semana

Éste último ha sido un fin de semana raro. Me explico: el sábado estaba en plan perro, y no me levanté hasta bastante tarde (estuve, eso sí, trasteando un poco con el ordenador). A media tarde, me llama la Niña para quedar un ratito. Quedamos con el Niño, ya que después teníamos una cena con Fosky, Miguel, Eva y Aina, de la que hablaré a continuación.

Nos fuimos a La Casa de las Mantas, ya que la Niña quería mirarse unas sábanas/funda nórdica o similar. Al poco rato de entrar allí, y mientras veíamos varios juegos monísimos de la death, me empezó a chorrear la nariz, y recordé que no había cogido kleenex, por lo que me tuve que ir un momentito a casa. Volví con tres paquetes, por si acaso. Hicimos cola, pagamos y nos fuimos, porque ya se nos hacía algo tarde al Niño y a mí.

Teníamos el coche en la esquina de Girona con Ausiàs March, así que nos fuimos los tres hasta allí, con idea de acercar a la Niña hasta el bus. Cogimos el coche -sin gasolina otra vez...-, y nos pusimos a buscar una gasolinera, mientras la alarma de la reserva nos avisaba de vez en cuando. Encontramos una, pero estaban repostando, y cerraron al público segun llegábamos nosotros. Al final decidimos aparcar "por allí", e ir de una vez al restaurante, que nos estaban esperando. Dejamos el coche a una manzana de donde lo habíamos cogido, y nos fuimos a pie, la Niña hasta la parada de bus, y nosotros al restaurante cantonés donde habíamos quedado. Llegamos fashionably late, es decir, tarde, pero lo justo.

Como viene siendo ya tradicional, Aina fue la encargada de elegir el menú, ya que éste es uno de los que llamamos "chinos auténticos", y de entre nosotros es ella quien conoce mejor la cultura china (cantonesa en este caso). Comimos bien, sin los excesos de costumbre, aunque Aina estaba indignada porque los platos los estaban trayendo en un orden inadecuado. Pese a ello, nos amenizó la velada con la ocasional perla de historia o mitología china, algo de cotilleo (se ve que a los cantoneses se les considera como a los catalanes, es decir, fervientes adoradores de Nuestra Señora del Puño Cerrado), y su buen humor. A la hora de pagar, cómo no, recordé que no llevaba dinero en metálico, por lo que pagué toda la cena con tarjeta, y me quedé con los billetes y monedas que había aportado cada uno. Tras ello, nos fuimos retirando, porque al día siguiente teníamos una gazpachada manchega en casa de Sonia y Jose, y no era plan de ir sin haber dormido unos mínimos.

Por la mañana... bueno, vale, al mediodía, nos llama Fosky, mientras nos disponíamos a desayunar, y nos indica que ha habido un error de cálculo, y que al final no cabremos todos, con lo que el Niño y yo nos montamos la película por nuestra cuenta.

El Niño me sugiere salir a "comer fuera", cosa que me parece muy bien. Nos cogemos el coche, y cuando le veo que coge la salida de Barcelona, le pregunto exáctamente qué entiende él por "comer fuera", a lo que me contesta que es una sorpresa. Genial. Tras unos pocos intentos, le chafo la sorpresa al adivinar que nos dirigíamos a Sant Llorenç de Morunys, un pueblecito precioso, tranquilo y con una iglesia en la que contrasta la sencillez de sus diversas capillas, con el más elaborado trabajo que he visto en mucho tiempo, concentrado en la capilla de la Mare de Déu dels Colls, una obra que sólo puedo describir como impresionante. Vale la pena verla. Si me es posible, intentaré incluir una foto de la capilla más adelante.

Por cierto, por si no lo había dicho, éste es el pueblo donde nació mi padre, y donde hace unos 15 años protagonicé una anécdota que no reproduciré aquí, puesto que ya bastante me la recuerdan quienes la conocen. No había vuelto desde entonces.

Después de comer (una pizza yo, una pizza y un bocadillo él), nos dimos un paseo por los alrededores del pueblo, visitamos la iglesia, alucinamos con la susodicha capilla, nos dimos otra vuelta, nos sentamos un ratito delante del ayuntamiento, y decidimos volvernos a Barcelona, ya que no era plan de coger carretera de montaña una vez que oscureciese, si nos lo podíamos evitar.

En definitiva, un fin de semana algo atípico.